El futuro de la prensa: desde un modelo basado en la publicidad hacia la subscripción.

La visión de periódicos acumulados en los kioskos de las estaciones de tren en España en las primeras horas de la tarde me resulta reflejo del cambio del sector desde la irrupción de lo digital. Con dificultad cuando uno iniciaba sus primeros viajes camino a Madrid podía encontrar a esas horas una lectura en forma de prensa. Los ingresos por el negocio en papel sólo ha disminuido en los últimos años. Durante estos años, y con vaivenes por parte de los editores, se han ido sustituyendo por los ingresos publicitarios, gracias a que la tarea de ojear las noticias por parte de los ciudadanos sigue siendo una de las fuentes principales de tráfico en la red. Un tráfico diario y seguro. Una apuesta segura para campañas que no quieran arriesgar. Por el camino, ha habido disminución de personal en las redacciones, precarización del trabajo periodístico y cierre de departamentos en las empresas, para adaptarse al nuevo entorno. Al nuevo ecosistema.

Sin embargo el sector de la publicidad online tiene dos problemas para los editores: primero, es oscilante e irregular. El segundo es un sector controlado profundamente por los gigantes tecnológicos como Google y Facebook. Ogros que son vistos con recelo creciente por todos los antiguos agentes de los sectores que ven acercarse a su territorio a tecnológicas con sus algoritmos, sus big data, y su inteligencia artificial. Estos miedos los observo en las empresas editoriales, en las agencias de viajes o en la industria cinematográfica. Es un miedo que se ve en la noticias de todos los días. No nos extraña que desde la Unión Europea y desde algunos Estados, empiecen a ver la amenaza de los gigantes como un modo de hacer favores a los sectores tradicionales. La mente del político europeo parece siempre lleno de la nostalgia del manoseo con control desde el poder. Los miedos de las corporaciones clásicas de los sectores, y de marcas simbólicas, también son los miedos de los trabajadores de esos sectores que ven llegar cambios que resultan difícil de asimilar. Las Fake News frente al periodismo de raza. Los impuestos y las sanciones tecnológicas se vuelven popular en las instituciones.

Años después las tablets , y los móviles de tamaño suficiente para leer cómodamente las noticias, sustituyeron el papel escrito del periódico. Yo también lo hice hasta que la tablet dejó de funcionarme como viajero. Disfrute de ella pero he decidido no renovarla después de reflexionar sobre su utilidad cuando dejo la mochila y me entrego al sedentarismo de la rutina. No obstante me dió para confirmar unas impresiones que también tengo al leer prensa en portátil. La prensa digital se consume por parte de este viajero que escribe de modo diferente. Es un consumo más selectivo de las noticias que a los ojos del lector viajero le interesan más. Muchas veces no le alcanza la mirada a las áreas informativas que no le interesan tanto. Ventaja le veo notable de recuperar las noticias atrasadas sobre los temas de interés. Inconveniente la de tener la sensación de perder la visión global de la prensa del día. También la incorporación de las redes sociales, hacen que al viajero se las seleccionen. El community manager hace un resumen de prensa mediante la correspondiente programación de entradas para entregársela al lector para cuando tenga tiempo de perder algo informándose de las noticias. Yo me las comparto para tenerlas agrupadas para cuando tenga un descanso para ojearlas. Muchas veces me vence la pereza de lo repetido.

Entre viaje y viaje observo estos días que el sector esta a la expectativa de un profundo cambio de negocio empresarial. Los grupos editoriales Vocento, Godó y Prisa se han agrupado bajo un denominado como "Acuerdo de publicidad programática" para negociar en mejor posición el mercado publicitario. También parece que Unidad Editorial negocia su incorporación. No se dice nada, pero supongo que la Comisión Nacional de la Competencia y de los Mercados tendrá algo que decir sobre este tipo de acuerdos. Se muestra una vez más que los empresarios se alían para destruir el mercado antes de que el mercado le destruya a ellos. La digitalización aterra a los viejos dinosaurios de la economía. Ya no se observa como un mundo de oportunidades, sino como el camino hacía el precipicio empresarial.

Todo parece un primer paso de defensa numantina encaminado a la construcción de muro de pagos a lo largo del ejercicio 2019 en los digitales españoles. En Estados Unidos y el Reino Unido se ha implantado en los últimos tiempos, con modelos más o menos cerrados. Algunos medios como el New York Times ya hablan de tres millones de subscripciones. De ellos, 60.000 para los crucigramas. No está mal para el departamento. Y 554.000 para recetas. No sé si esta última no es la opción más atractiva. Cosas de mis gustos personales. Curiosamente cuando tanto se ha hablado de segmentación, de remarketing, de personalización de la publicidad, y de tanto SEO y tanto SEM, las empresas editoriales confían en la vuelta a la subscripción y al prestigio del medio para cambiar el modelo de negocio. Más Marca y más Pulitzer. En España parece que los medios recelan de dar el primer paso para no perder la tarta económica actual que sigue siendo el volumen de tráfico y la publicidad derivada de la misma. Durante los últimos ocho meses El País y El Mundo se disputan el primer puesto con aproximadamente 19,7 millones de usuarios únicos.

El entorno digital ofrece una necesidad a toda empresa y profesional de replantear las fuentes de ingresos para el negocio. La reducción de costes en la producción ha sido alta. El sector de la prensa lo ha vivido de cerca. Como lector uno lo ha notado. La versión digital se ha llenado en un segundo entorno de blogs especializados, de muy desigual éxito. Algunos casos como "El comidista" en El País han adquirido vida propia. Otros muchos se pierden en el limbo transparente de la sobreabundancia de información que ni los buscadores ponen en valor. En un medio, debe priorizarse el periodismo o las técnicas para generar más tráfico, se nos pregunta. El periodismo es un servicio para la democracia y para los ciudadanos, pero también es un negocio de masas, como recordaba hace unos días en una entrevista en El País el nieto de William Randolph Hearst. En Estados Unidos magnates del sector tecnológico como Jeff Bezos adquieron el Washington Post, y Marc Benioff la revista Time recientemente. El prestigio de comprar un viejo castillo por parte de los nuevos ricos. Los subscriptores se apuntan por el prestigio de la publicación. Hay que luchar contra Trump y contra las noticias falsas de Putin. Parece que el sector ha encontrado el camino. Veremos en España si a parte de línea negocio, a los medios les queda credibilidad y masa crítica entre los ciudadanos para vivir de esos ingresos. Yo mañana compraré la versión en papel como un acto vintage y melancólico antes de subir al tren.